Salud
y Cuidados. Publicación
electrónica periódica, científica
y divulgativa de Salud y Enfermería http://www.saludycuidados.net/numero2 |
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DESARROLLO PROFESIONAL: ARTÍCULO ORIGINAL |
Una preocupación creciente de nuestra escuela es la enseñanza de valores profesionales. Le llamamos valores profesionales porque los consideramos imprescindibles para nuestro desempeño profesional. Por otro lado, uno de las construcciones más nombradas para explicar la atención de enfermería es “la relación de ayuda”.
Si
partimos del principio de que en toda relación de ayuda existe por naturaleza
una confrontación de culturas, expectativas, creencias y valores, que
determinan el tipo de signo y el modo en que se ha de dar y aceptar la ayuda,
nos encontramos con los valores como elementos o contenidos que es preciso
esclarecer e introducir en los programas de pregrado, y si es posible lo más
tempranamente, antes de que tengan lugar los primeros intercambios con los
pacientes.
Pero los proyectos curriculares, los programas, son concretos y se ha de
decidir por adelantado qué valores
se han de enseñar, cuándo se han de enseñar, cómo, a qué alumnos, por qué
y para qué enseñárselos.
Nuestro
propósito es enfrentarnos a estas cuestiones y abordar el estudio de los
contenidos de los valores necesarios en el perfil profesional del enfermero de
nuestro tiempo.
Antes
de entrar en el desarrollo de los contenidos de cualquier valor imprescindible o
útil para el ejercicio de la enfermería, creemos conveniente considerar
algunos puntos de partida o supuestos básicos desde los que abordar este tema.
SUPUESTOS
BÁSICOS PARA ABORDAR LA ENSEÑAZA DE VALORES
El
objeto formal de la “relación de ayuda” en la profesión de enfermería es
la persona y el objeto material, si nos ceñimos estrechamente a la actividad
que centra esta disciplina, son los problemas de cuidado para los que precisa
ayuda. Esto nos llevará a la conclusión de que la relación de ayuda puede
centrarse en el problema, concretamente en su valoración y solución, o en la
persona, en todo su ser y su sentir. Nuestra experiencia nos dice, que la ayuda
a la persona trasciende a lo que es la simple solución del problema prácticamente
en todos los casos y situaciones. Por ejemplo, tomar a un paciente del brazo
para ayudarle a llegar al baño nos da la oportunidad, cercanía y permiso para
animarla, confortarla, infundirle valor, espíritu de lucha o sencillamente
recurrir al sentido del humor, que también es una buena terapia. En definitiva,
la finalidad última de nuestra interacción es poner en marcha los recursos
sanadores que existen en la propia persona; lo que realmente importa es ella, y
llegar al baño, queda como una acción importante pero de orden secundario.
Para
enseñar la relación de ayuda y los valores a los futuros enfermeros es
importante emplear un discurso que derive en términos de competencias
profesionales, las cuales son posibles de adquirir por el conocimiento y la práctica,
y en un convencimiento de que es actividad profesional y no un añadido a los
procedimientos y técnicas que realizamos.
Frente
al confusionismo de términos: cualidades, actitudes, virtudes, características
propias de la enfermera o valores profesionales, nos decantamos por este último
por tres razones fundamentale:
La
primera, porque los valores es un término inclusor de las actitudes, ya que es
a través de estas como los manifestamos.
La
segunda, porque es el modo de continuar y
apoyarnos en los conocimientos previos que traen los alumnos; no debemos de
olvidarnos, que desde primaría la educación en valores forma parte del
desarrollo curricular nacional.
La
tercera, porque los valores actúan como principios que guían nuestra acción.
Un
elemento importante, a tener en cuenta, es el marco teórico de referencia desde el que interpretar la relación de ayuda enfermera –
paciente. Desde nuestra perspectiva, un enfoque humanista como es el caso del
“paradigma de la transformación” nos lleva a plantear esta relación
como un proceso recíproco y simultáneo de interacción, un proceso donde se
pone en relación la información conocida (la que poseemos), con otra no
conocida (la del otro) para crear significados nuevos;
es por tanto, un proceso de elaboración contínua sujeta a cambio,
desequilibrio y mayor complejidad; y siempre punto de partida del continuo de
interacciones.
Se
trata de un proceso interactivo donde
el paciente co-participa o co-interviene
y por tanto todo tipo de ayuda se ha de hacer CON el cliente, CON el paciente y
CON la persona. Esta nueva perspectiva se constituye en valor o principio guía
para interpretar nuestros valores en confrontación con los de los pacientes y
determinar desde ellos el tipo, la cantidad y el modo de ayuda que estamos
autorizados a prestar desde nuestros propios principios morales y desde los del
paciente, teniendo en cuenta los recursos de que disponemos tanto la enfermera,
como persona que apoya al paciente física,
emocional, social y espiritualmente, como los del paciente, de los que
forman parte sus deseos, creencias, esxpectativas, esperanzas, fuerza, etc.
Ambos son una fuente continua de retroalimentación
donde cada paso se ha de dar con el consentimiento, o mejor aun,
con la aceptación de ambos. La finalidad
de la relación de ayuda desde este paradigma es la de acompañar o
participar con el paciente en encontrar la
mejor respuesta a sus necesidades de salud en el marco de sus valores y
creencias. Y aunque la enfermera se anticipe por sus conocimientos y experiencia
a la forma de ver de las personas y genere las posibilidades de desarrollo de
estas, ella a su vez se beneficia también de esta relación con cambios que le
conducen al desarrollo de su propio potencial.
Por
otro lado, este paradigma de transformación se presta igualmente a ser una
herramienta útil para tratar el propio proceso interactivo, que constituye la
educación de los alumnos: eligiendo, configurando y construyendo CON él su
sistema de valores, pues hasta que éstos no sean vitalmente aceptados por ellos
no tendrán influencia en su conducta.
El lugar donde tiene lugar la relación de ayuda
dota a esta de unas características que las hacen aparecer a la vista de
quienes la ejercen y quienes las contemplan de una mayor o menor formalidad. Los
rasgos de formalidad en las relaciones parecen imprimir a su vez un mayor carácter
profesional. Es importante detenerse en este aspecto porque está más clara la
relación de ayuda cuando son los clientes los que directamente acuden a un
profesional a solicitar ayuda para solucionar un problema. Generalmente esta
ayuda se produce fuera de sus entornos habituales
y es frecuente que se produzcan atendiendo a ciertas normas de horarios,
citas, etc. Existe sin embargo un cambio que caracteriza y determina la relación
de ayuda enfermera - paciente cuando se da fuera de la consulta de enfermería
que es importante identificar. Se
trata de la relación de ayuda que tiene
lugar, la mayor parte de las veces, en entornos dispuestos por o para los
pacientes y a los que es la enfermera quien acude; son lugares y momentos de
encuentro en la habitación, pasillo, sala de exploración,
control de enfermería de un hospital,
o en su propio hogar durante la visita domiciliaria. La informalidad de
estos encuentros dotan a las relaciones de cierta familiaridad y percepción de
actividad no programada pudiéndolas hacer aparecer como actividad
extraprofesional. Nada más lejos de la realidad si en todos y cada uno de estos
encuentros aplicamos nuestros conocimientos y experiencias y media la intención
clara de ayudar. Es importante poner de manifiesto la presencia constante de
estos lugares y momentos de encuentro, y describir el tipo y modo de relaciones
de ayuda que prestamos como práctica profesional, de la que debemos extraer
experiencias, que sólo nosotros podemos aportar al conocimiento humano y
a la formación de los estudiantes de enfermería.
Toda estrategia docente necesita tener detrás un modelo de enseñanza
aprendizaje desde el que proyectarse. En nuestra opinión, la enseñanza
con base en la experiencia o enseñanza experiencial es el modelo más adecuado
para la enseñanza de valores en enfermería. En una primera fase se trataría
de partir de las propias percepciones de los alumnos en situación de necesidad
y de enfermedad para empezar a esclarecer cuales han sido sus sensaciones,
emociones y sentimientos y ver como estas se insertan en un grupo de valores.
Una segunda fase abordaría el análisis de las percepciones internas ligadas a
los acontecimientos vividos por los alumnos en su interacción con los
pacientes, miembros del equipo, compañeros y profesores durante sus prácticas
clínicas para su posterior discusión desde un marco de valores. Este modelo
nos sugiere que necesitaríamos de una estrategia de enseñanza de tipo vertical
donde, desde una asignatura como la ética impartida ya en el primer curso, se
consolidara un marco de valores desde el que proyectarse en el
aprendizaje de sus interacciones profesionales posteriores; y de una estrategia
transversal, donde desde todas las asignaturas y con la co-participación
de todos los profesores y profesionales, los alumnos fueran analizando e
integrando las correspondientes experiencias en dicho marco de valores conforme
van teniendo a lo largo de sus asignaturas y prácticas
clínicas.
Esta estrategia requiere del acuerdo previo de un perfil de valores, así
como de sus contenidos entre los profesores, y si fuera posible también de los
profesionales de enfermería, que colaboran en la enseñanza de los alumnos.
Para unos y otros es incuestionable la absoluta necesidad de una gran coherencia
interna entre su pensar, su sentir y su hacer de acuerdo al marco de valores
proyectado.
Por último, ya desde una perspectiva de la opción personal, donde medie
la elección del estudiante en cuanto a configuración de su desarrollo
curricular y profesional, cabe la
posibilidad de desarrollar, además de lo anterior, una asignatura de libre
configuración, en tercer curso, desde la que retomar nuevamente el tema para su
mayor desarrollo e investigación.
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Este es un artículo original y la primera divulgación de su contenido. Si lo consulta para algún trabajo, estudio, investigación, etc., no olvide citarlo en la bibliografía. FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE Salud y Cuidados EN BIBLIOGRAFÍAS: PÉREZ A, GONZÁLEZ A, TIRADO A, PÉREZ MT, JARA FJ, CUADRI MJ, CUADRADO A. Valores y relación de ayuda en enfermería. supuestos previos para su enseñanza. Salud y Cuidados [En línea]. Nº 2 (2002). [Consulta: 20 julio 2002*]. <http://www.saludycuidados.net/numero2/valores.htm> ISSN 1578-9128 *Especificar fecha exacta en la que este artículo se consulta en línea. |