El Quijote, una lectura desde la salud, la enfermedad y asistencia sanitaria*

 MAGDALENA SANTO TOMÁS PÉREZ1, MARÍA PAZ MOMPART GARCÍA2

I.- JUSTIFICACIÓN

Somos conscientes de que el tema de esta comunicación se escapa del lema de este congreso, que se concreta en diferentes áreas temáticas: la formación, las organizaciones, asociaciones e instituciones y la ética profesional.

Es precisamente debido a este desajuste por lo que vamos a tratar de justificar el haber realizado un trabajo sobre una temática tan fuera de programa y por ello agradecemos sinceramente al Comité Científico el haber aceptado el trabajo y poder así presentárselo a ustedes.

Hace más de un año, cuando aún no se conocía el lema del Congreso, nos planteamos la posibilidad de hacer este trabajo, un poco en función de que lo que sí conocíamos era el lugar donde iba a celebrarse: Alcalá de Henares, la ciudad donde nació Miguel de Cervantes, además suponíamos que era probable que en un tiempo que podemos considerar “remoto” considerábamos bastante improbable que esta ciudad volviese a acoger un congreso sobre Historia de la Enfermería; por ello, aún a riesgo de estar fuera de lo correcto, nos arriesgamos a empezar a trabajar en esta obra. Además se da la circunstancia de que las universidades de  Valladolid, Castilla La Mancha y Alcalá podían unirse para pensar acerca del autor de la lengua castellana y ello también nos animó a asumir este reto.

II.- INTRODUCCIÓN

A modo de introducción, queremos hacer una brevísima semblanza acerca de Cervantes y de su más importante obra: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Miguel de Cervantes (Grabado de la edición de El Quijote de Diego Clemencín, de 1833)
Miguel de Cervantes Saavedra (Grabado de la edición de D. Quijote, de Diego Clemencín. 1833)

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) era el 4º hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. Se supone que nació el 29 de septiembre (festividad de San Miguel) [1] y que fue bautizado el 9 de octubre en la iglesia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares.

La familia Cervantes, como había sido habitual en la Edad Media y al parecer seguía siéndolo en esos primeros siglos de la Moderna, trasladaba su residencia de un lugar a otro y desde Alcalá a Valladolid o Sevilla, su hogar fue trasladándose en función de los intereses familiares.

Cervantes vivió gran parte de su vida rodeado de mujeres “las cervantas”: esposa, hija, hermanas, nieta y criada; su vida se vio marcada por ello y de hecho, en algunos de sus relatos se trasluce su influencia.

Desde luego de lo que no existe ninguna duda, es de la influencia que ejercieron en su vida las corrientes de pensamiento de su tiempo, un tiempo en el que se desarrolla y florecen: el Renacimiento, el Manierismo, y el Barroco. De hecho, Cervantes fue educado en las viejas ideas renacentistas, pero escribió y publicó sus obras fundamentalmente en el Barroco.

Su muerte tuvo lugar en Madrid, el 22 de abril del año 1616 y fue enterrado en el convento de las Trinitarias Descalzas, orden religiosa en la que había ingresado tres años antes.

Ese periodo tan trascendente que le tocó vivir, una época de transición entre el ocaso del mundo medieval y el asentamiento de la modernidad, marcó tanto su vida y dejó en él tal impronta, que en su más importante obra “Don Quijote de la Mancha”, se dedicó fundamentalmente a hacer una crítica de su tiempo; pero una crítica tan inteligente, tan ingeniosa (como el calificativo que precede al hidalgo), tan llena de ironía y de humor, que logró que sus contemporáneos la leyesen como si se tratase de un pasatiempos y que sin embargo, siglos después la desmenucemos para analizar  las múltiples facetas que retrata y que sigue por ello despertando la admiración de todos los que nos acercamos a sus páginas.

Entre los múltiples elementos de análisis que están presentes en el Quijote, se encuentra el mundo de la salud y la enfermedad, los hospitales, los médicos y la Medicina y  la asistencia a los enfermos. No es esta la única obra en la que hace comentarios sobre estos temas, por ejemplo, en El Coloquio de los perros, escrita en su casa de Valladolid, situada junto al Hospital de la Resurrección, en el suburbio del Rastro de los Carneros, veía cada día pasar a los enfermos que acudían al hospital de “bubas” a curarse de esa enfermedad (luego se denominaría sífilis) y al parecer Cervantes reflexionaba sobre la forma en que se intentaba curar a los enfermos, y también en esta ocasión, su ingenio puso en boca de los perros las críticas a la sanidad del momento.

Y es que Cervantes se vale de las reflexiones   sobre esos aspectos de la salud y la enfermedad y la forma de afrontarlas, tanto por las autoridades, como por los médicos y la población, para analizar la España de los siglos XVI y XVII que como señala Juan Cruz [2] “tan moderna..., y tan atrasada..., tan medieval..., tan imbuida de la mentalidad de tiempos pasados...”, una España que quiere ser moderna, que domina Europa, pero que está en una profunda crisis, en un claro declive político y económico, que defiende a ultranza el poder del Papa en una Europa que quiere ser y es protestante y que Cervantes retrata en todas sus contradicciones valiéndose para ello de las creencias que sobre la salud  y la enfermedad tienen el pueblo, los médicos y la ciencia médica.

III.- METODOLOGÍA

En primer lugar hay que señalar que la obra que hemos analizado, dada la profusión de ediciones de las que se dispone, es la de Florencio Sevilla Arroyo, editada por Castalia en Madrid en el año 1998.

El motivo de haber elegido esta edición se debe a su rigor filológico al texto completo de las primeras ediciones de la novela, los originales impresos por Juan de la Cuesta en 1605 y 1615.

El método seguido ha consistido en el análisis pormenorizado de la obra tratando de identificar aquellos elementos que tuviesen una relación más o menos directa con el tema de estudio y tras una primera puesta en común y valoración de los datos, hemos realizado una aproximación a la interpretación de los datos encontrados.

IV.- ESTUDIO DEL CONTENIDO I

Nos adentramos en la primera novela moderna en lengua castellana, y en ella Cervantes recrea de forma magistral el momento que le tocó vivir, un tiempo en el que desde el punto de vista literario supone el triunfo de la novela picaresca, del romancero nuevo y la seguidilla, del teatro de los corrales y por supuesto de la novela larga en prosa; el humor y la ironía son elementos destacados de ella y la forma que busca insistentemente el autor para describir su mundo, las costumbres que existen en el y por supuesto su actitud ante ellas.

Cardenio en su frenesí aporrea a D. Quijote, Sancho y el cabrero (Grabado de la edición de El Quijote, de Diego Clemencín, de 1833)
Cardenio en su frenesí aporrea a D. Quijote, Sancho y el cabrero (Grabado de la edición de D. Quijote, de Diego Clemencín. 1833)

Ya desde el comienzo se hace una descripción,  desde el punto de vista médico, de las características biológicas delprotagonista [3], que posee una complexión que justifica su comportamiento y su manera de ser e incluso  sus diferentes estados de salud, a diferencia de otras tipologías que se describen a lo largo de la obra como es el caso de la que se hace del ventero del que se dice que “...por ser muy gordo era muy pacífico...[4].  Se describe detalladamente el tipo de vida que lleva D. Quijote, un “noble” de la categoría inferior de la nobleza, la de los hidalgos [5], en este caso un hidalgo de una villa anónima que se sitúa en “algún lugar de la Mancha”.

El tipo de vida que lleva el hidalgo, con algunas peculiaridades específicas suyas como la lectura de los libros de caballería, permite conocer muchas de las costumbres de los castellanos, algunas de ellas directamente relacionadas con la salud y la enfermedad; entre ellas la comida ocupa un lugar destacado, cuestión lógica si tenemos en cuenta que  desde el punto de vista del saber médico, tanto la salud como la enfermedad se consideraban directamente relacionadas con los alimentos, atribuyéndoseles la capacidad de romper el equilibrio de los humores y por tanto de provocar enfermedades y por el contrario asignándoseles unas propiedades específicas que permitían recuperar el equilibrio perdido y consecuentemente eran utilizados como tratamiento médico en muchas enfermedades.

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[1] Como es sabido, durante siglos existió la costumbre de bautizar a niños y niñas con el nombre del santo o santa del día del nacimiento, buscándose con ello que el santo o santa se convirtiesen en protectores de la criatura, y por supuesto debía de encargarse de librarle de todo tipo de males, también relacionados con las enfermedades corporales, lo cual parece bastante lógico si tenemos en cuenta que la mortalidad infantil era muy elevada y cualquier ayuda podía considerarse útil.

[2] Juan Cruz Cruz.- Dietética medieval. La Val de Osera. 1997

[3] El Quijote... “...Edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza..” p 84

[4] Miguel de Cervantes Saavedra.- Don Quijote de la Mancha. A cargo de Florencio Sevilla Arroyo. Editorial Castalia, 1998.  P 95

[5] Dice Sebastián de Covarrubias  en El Tesoro de la Lengua Castellana o Española, Ed. Castalia 1995, que “fidalgo  o hidalgo, -fijo (hijos)s de algo-, se refiere a noble, castizo y de antigüedad de linaje... ; y el ser hijos de algo significa haber heredado de sus padres y mayores lo que llama algo, que es la nobleza, y el que no la hereda de sus padres, sino que la adquiere por si mismo, por su virtud y valor, es hijo de sus obras y principio de su linaje”. Con el tiempo,  estos caballeros hidalgos,  forman parte de la nobleza venida a menos económicamente.