El Quijote, una lectura desde la salud, la enfermedad y asistencia sanitaria (continuación)

 

IV.- ESTUDIO DEL CONTENIDO II 

La comida tipo que se describe está compuesta por “la olla” [6] que contenía carne de vaca, de cena carne picada, los viernes lentejas,  los sábados huevos con torreznos, y los domingos carne de caza [7].

Respecto a su “manía” de comprar y leer libros, causa de su locura como se argumenta en la obra [8], también se desprende una importante reflexión:

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Por una parte, la crítica larvada a la ignorancia de su tiempo en el que saber leer y escribir todavía era una excepción.

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Por otra, una crítica abierta a la jerarquía eclesiástica y a la Iglesia, que a través del tribunal de la Santa Inquisición, condenaba la lectura de numerosos libros y los quemaba en hogueras igual que a sus lectores cuando ello era necesario, “... Esto digo yo también –dijo el cura-, y a fee que no se pase el día de mañana sin que dellos no se haga acto público y sean condenados al fuego, porque no den ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe de haber hecho,..., descomulgados libros..., que merecen ser abrasados como si fueran herejes..., cansóse el cura de ver más libros, y así, a carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen...” [9]

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Por otra, la crítica a los autores de algunos libros de caballería a los que acusa de escribir de forma “enmarañada” y poco clara y en este sentido pone como ejemplo un dato médico, dice no comprender cómo el protagonista de una de esas obras de caballería, don Belianís, habiendo recibido 101 heridas en los dos primeros libros de su historia, seguía vivo y protagonizando episodios, dice Cervantes en boca de D. Quijote: “...pues aunque le hubiesen curado grandes cirujanos, debía de tener el rostro y  todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales...”[10].

Y afinada la harpa, Altisidora dio principio a su romance. (Grabado de la edición de D. Quijote de Diego Clemencín. 1833)
Y afinada la harpa, Altisidora dio principio a su romance.
(Segunda Parte, Capítulo XLIV. Grabado de la edición de Diego Clemencín. 1833)

En relación con este tema, Cervantes recurre a la opinión de un barbero, un hombre que profesionalmente se dedicaba a la aplicación de tratamientos médicos y quirúrgicos: sangrías [11], emplastos, ventosas..., para resolver las dudas de Don Quijote acerca de los diversos protagonistas de las obras de caballería, concediéndole así un conocimiento importante acerca de temas que sobrepasan su estricta competencia con las enfermedades, lo que a su vez le confiere un valor social muy concreto que también se pone de relieve en el capítulo en el que el barbero es quién asesora al cura acerca del contenido de los libros que deben de salvarse  de la hoguera.

Esta forma de Cervantes de conceder protagonismo a personajes “secundarios” a los que utiliza para criticar a la sociedad, se evidencia también en el ventero, éste le dice a D. Quijote que conoce cómo los caballeros llevan una “arqueta” pequeña llena de ungüentos para curar las heridas porque, dice, “...no todas las veces en los campos y desiertos donde se combatían y salían heridos había quién los curase, si ya no era que tenían algún sabio encantador por amigo, que luego les socorría, trayendo por el aire, en alguna nube, alguna doncella o enano con alguna redoma (frasco) de agua de tal virtud que, en gustando alguna gota della, luego al punto quedaban sanados de sus llagas y heridas, como si mal alguno no hubiesen tenido...” [12]

A lo largo de esta cita, como en otras de similar contenido, se resalta el carácter milagrero que se otorgaba  las curaciones mediante pócimas milagrosas, como en este caso las que se atribuyen al agua, un elemento que desde la antigüedad clásica gozaba del beneplácito de los más importantes médicos, dados los muchos tipos de aguas que se citaban y los poderes curativos que se le atribuían [13]. Como puede apreciarse la ironía y el humor están presentes en esta frase y Cervantes se vale de ellos para criticar su uso como algo milagroso en la curación de tan diversos males, en su  caso las llagas y heridas.

También en esta frase se establecen relaciones entre los medicamentos en potencia, “el agua milagrosa”, y los que al parecer  debían de  encargarse de proporcionar dicha sustancia “doncellas y/o enanos” ; es bastante significativo que sean mujeres jóvenes  y enanos los personajes que se mencionan, y lo es por varios motivos:

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Doncellas eran aquellas mujeres mozas y por casar que por supuesto, como dice Covarrubias,  no habían conocido varón. Pero es necesario tener en cuenta que las  mujeres en general, y por supuesto las doncellas, tenían su puesto riguroso en la sociedad y debían permanecer en sus casas, en el ámbito privado y bajo la custodia de los hombres de su familia, padre, hermanos, tíos..., los cuales cifraban gran parte de su honra en lo que las mujeres hacían o dejaban de hacer; las restricciones al tipo de vida de las mujeres y el riguroso rol social que se les adjudicó, se había hecho más estricto en la época de Cervantes, recién celebrado el Concilio de Trento en el que se habían adoptado medidas estrictas y rigurosas que afectaban a la vida de las mujeres; así, las mujeres custodiadas en los espacios privados, seguían aprendiendo, como lo habían hecho en épocas anteriores, los conocimientos acerca de la curación de las enfermedades, que sus madres y abuelas se encargaban de transmitirles.

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La referencia a los enanos, denota un mundo anclado en la más antigua tradición clásica. Covarrubias se refiere a ellos ampliamente y retoma los planteamientos de Plinio para explicar algunas de las acepciones de la palabra y referirse a su papel en la sociedad, así, explica que “el enano tiene mucho de monstruosidad, porque naturaleza quiso hacer en ellos un juguete e burlas, como en los demás monstruos, en el espinazo les dio un ñudo, torcióles en arco las piernas y los brazos y de todo el cuerpo hizo una reservada abreviatura, reservando tan solamente el cerebro, formado la cabeza en su debida proporción..., Destos enanos se suelen servir los grandes señores. Y los que escriben libros de caballerías los introducen para algunos ministerios, llevando y trayendo mensajes. En fin, tienen dicha con los príncipes estos monstruos, como todos los demás que crían por curiosidad y para u recreación; siendo en realidad de verdad cosa asquerosa y abominable a cualquiera hombre de entendimiento...”. La sola lectura de estas breves palabras pone de manifiesto lo que se pensaba de los enanos y el papel que desempeñaban en la sociedad en la época de Cervantes [14]. Ambos personajes, enanos y doncellas, tiene un papel bien definido que la sociedad les ha adjudicado, un espacio del que difícilmente se puede salir ya que en ello está en juego el orden social, algo que no debe suceder y que el mismo D. Quijote defiende implícitamente cuando describe cómo Sancho debe de hacer todo aquello que D. Quijote le ordene y cómo se resentirá con lo que le pase a “su Señor” [15]

Pero no solamente en este pasaje se hace referencia al papel que desempeñan las mujeres en la atención a los enfermos, podría decirse que los protagonistas del mundo asistencial, son según el Quijote, el barbero, como persona que conoce perfectamente lo que hay que hacer en caso de lesiones, traumatismos, heridas..., y se le presenta con la capacidad de tomar decisiones al respecto y acerca de los remedios a aplicar, además de dotarle de conocimientos acerca de otras cuestiones; el Médico “o cirujano” que también posee los conocimientos pero que no siempre está disponible y por lo tanto no siempre es accesible, y las mujeres como encargadas de los cuidados y asistencia directa en caso de enfermedad.

Conviene hacer algunas precisiones en relación con estos profesionales que se mencionan, me refiero a  médicos, cirujanos y barberos; unas profesiones desempeñadas por hombres y estrechamente relacionadas, tanto que algunas veces se superponen y confunden y ello parece propio de épocas de cambio. Covarrubias se refiere a ellos estableciendo sus orígenes y en este sentido dice: “Antiguamente y en tiempo de Galeno, el barbero, en cuanto sangraba, y el boticario, en cuanto aparejaba las medicinas y el cirujano, en cuanto curaba las heridas, y el médico en curar universalmente todo género de enfermedades, estaba reducido a una persona; de manera que el médico era barbero, boticario, herbolario, anotomista, algebrista, cirujano, y con nombre universal de médico. Y es cierto que el buen  médico debe estar diestro en la teórica de todas estas artes, ya que no las ejecute con  sus manos lavadas y llenas de anillos. El obrar con ellas se remite al cirujano de donde tomó el nombre chirurgus, medicus vulnerarius a manum operatione, sic dictus”.

Resbalando de la silla diera Don Quijote en el suelo a no quedar colgado del brazo (Grabado de la edición de El Quijote de Diego Clemencín, de 1833)

Resbalando de la silla diera Don Quijote en el suelo a no quedar colgado del brazo.
(Primera Parte, Capítulo XLIV. Edición de Diego Clemencín. 1833)

A lo largo de la Edad Media parece que se empieza a diferenciar con precisión el trabajo de estos profesionales, fundamentalmente el del médico, llamado también físico [16], que no realizaban el trabajo con las manos (mal visto socialmente y relegado a otros, de hecho compruébese en la frase anterior la referencia a los médicos “...con sus manos lavadas y llenas de anillos...”) del trabajo realizado por barberos o sangradores, cirujanos y boticarios, todos ellos “prácticos” por dedicarse a trabajar con sus manos.

A su vez, y a medida que finaliza la Edad Media parece que se está produciendo un cambio importante en esos profesionales, de hecho las figuras de barbero y cirujano parecen desdibujarse; por una parte, los cirujanos intentan “ser médicos” y equipararse a ellos social y académicamente y parecen luchar por conseguirlo, aunque pasará mucho tiempo hasta que lo logren [17]; por su parte los barberos están también buscando su espacio y adoptarán el nombre de practicantes [18] pero bien delimitados y por ello se diferenciarán los de medicina, cirugía y botica o farmacia, por cierto un nombre este de botica-farmacia que también está en proceso de cambio y sus profesionales reivindican igual que los cirujanos un espacio en el mundo académico y social (en este bastante vilipendiados, como los médicos, ambos acusados con frecuencia de trabajar “compinchados” para obtener mayores beneficios de sus clientes).

Las referencias que Cervantes hace a las mujeres como cuidadoras, a lo largo de toda la obra y en distintos pasajes del Quijote, es bastante significativa y parece que no hace más que reflejar la costumbre; posiblemente lo que podría destacarse es que siempre se refiere a esas mujeres como doncellas, idealizando quizás a estas mujeres e incidiendo probablemente en las cualidades que se las presuponen de virtud, obediencia, disciplina, etc., para realizar un trabajo “domestico” y sin reconocimiento social.  

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[6] La olla era un tipo de comida habitual que consistía en poner a cocer juntas la carne, de diferentes clases,  con diferente tipo de verduras; tal y como hoy conocemos el “cocido” se comía la sopa y los demás alimentos y con este plato se solía tener solucionada tanto la comida como la cena.

[7] “una olla de algo más vaca que carnero, salpicón (carne picada) las más noches, duelos y quebrantos (huevos con torreznos), los sábados, lentejas los viernes, algún  palomino de añadidura los domingos...” D. Quijote..., pp 83-84.

A lo largo de la Edad Media, y según Cervantes parece seguir siendo la costumbre en la Moderna, este tipo de alimentación era bastante habitual y la ausencia de pescado, frutas y derivados de la leche debía de ser normal, reservándose para las épocas de cuaresma y abstinencia, por ejemplo, en la p 98 se describe la comida en la Venta y como es viernes se dice que la comida es a base de pescado, concretamente abadejo (bacalao). Aunque la comida tipo fuese esta, las diferencias en la carne, en las verduras, en el tipo de pan y en el vino,  marcaban las  diferencias sociales. Algunos de estos alimentos, como las lentejas, se consideraban especialmente importantes en el tratamiento de variadas enfermedades por ejemplo para prevenir y tratar la peste, y echándolas vinagre se consideraban el tratamiento ideal.

[8] D. Quijote...“...De mucho leer y poco dormir se le secó el cerebro...” p 86

[9] D. Quijote..., pp 120-125

[10] D. Quijote..., p 85. No hay que olvidar que su padre fue cirujano y por tanto Cervantes debía de conocer algo sobre Cirugía

[11] Cuando se relata la salida de D. Quijote de la venta, y encuentra al labrador pegando a su criado, se habla del trabajo del barbero y de lo que cobra por realizar las sangrías “... un real por dos sangrías...” D. Quijote..., p 110

[12] D. Quijote..., p. 102

[13] Las obras médicas escritas por los clásicos, hacen mención expresa de las propiedades medicinales del agua, especialmente todos aquellos tratados que se dedican a la Dietética –entendida como norma de vida humana-, como por ejemplo Diocles de Caristo, Galeno, Asclepiades..., y desde luego los médicos medievales y de época Moderna que adoptaron las doctrinas de Galeno como base del saber médico. Entre otros, los tipos de aguas que se citan son: agua arterial, elaborada con agua “llovida” y utilizada como coagulante y cicatrizante; agua angélica o agua de la vida, a base de agua “ordinaria” cocida con canela, para las fiebres tercianas y cuartanas y utilizada también como vomitivo; agua de la fuente, para hacer la tintura de las rosas castellanas, utilizada para los flujos hepáticos y diarreas; agua de cisterna, para las dolencias de la garganta; agua de azogue, elaborada con agua ordinaria y para ser usada contra las lombrices; agua rosada, llamada también agua de ángeles, su uso estaba muy extendido ya que los médicos la recomendaban para numerosas enfermedades, desde el dolor de cabeza hasta su uso como componente del agua antihidrópica; y también se recomendaba usarla sola o con vinagre como medida preventiva para enfermedades como la peste o simplemente para olerla, por lo que debía de ser habitual que existiese en todas las casas. Para más datos sobre este tema ver: M. Santo Tomás Pérez: “El agua en la documentación eclesiástica”, en: El agua en las ciudades castellanas durante la Edad Media. Fuentes para su estudio. coord.. Mª Isabel del Val. Ed: Universidad de Valladolid. 1998, pp 13-39

[14] Covarrubias fue contemporáneo de Cervantes; nació en Toledo el 7 de enero de 1539 y murió en Madrid  el 8 de octubre de 1613. Al igual que Cervantes, su vida discurrió por diferentes ciudades: Toledo, Salamanca, Roma, Cuenca, Valencia, Madrid, y también en Valladolid, en la década de los años 80, se ocupó de diferentes negocios e intervino en asuntos de tribunales.

[15] D. Quijote..., Segunda Parte Capítulo II

[16] Referirse al médico como físico es cada vez menos frecuente, a medida que nos acercamos a  la época Moderna, sin embrago y como contraposición, seguramente para diferenciarse de los médicos empíricos, los prácticos que no se habían formado en las universidades, y también de los cirujanos, empezaron a utilizar genéricamente el nombre de doctor. Dice Covarrubias refiriéndose a los médicos: “Del nombre latino medicus, a medendo, por otro nombre físico, y también se ha alzado con el nombre de doctor”

[17] Será a partir de la 2ª mitad del siglo XVIII cuando estos profesionales: Médicos, Cirujanos, Farmacéuticos  y Practicantes se configuren como profesionales independientes,  por ejemplo, en España será en el año 1784 cuando se separen las facultades de Cirugía y de Farmacia y solo en 1779 se aprueban los estatutos  generales del Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid.

[18] “Practicante, según Covarrubias, el que ha oído de medicina y acompaña al doctor a las visitas, para concordar la teórica con la práctica”

 

 

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