El Quijote, una lectura desde la salud, la enfermedad y asistencia sanitaria (continuación)
IV.- ESTUDIO DEL CONTENIDO III
En relación con las enfermedades que se describen, destaca fundamentalmente una: la locura. Un mal que impregna toda la obra y que le sirve al autor para hacer un retrato amplio y muy expresivo de las creencias de su tiempo, de las actitudes y comportamientos de las personas, del saber de los médicos y del estado de la ciencia médica, del sistema sanitario-asistencial-hospitalario, y también del modo de actuar de la Iglesia.
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| Hizo Maese Pedro la señal, y el mono se le
subió en el hombro izquierdo. (D. Quijote, Segunda Parte, Capítulo XXV. Grabado de la edición de Diego Clemencín. 1883) |
La locura fue durante siglos una enfermedad maldita y seguramente no es casual que sea ésta y no otra la enfermedad que se describe en la obra. Si bien todas las enfermedades eran consideradas un castigo de Dios por las faltas cometidas, por el propio enfermos o enferma o por sus progenitores o antepasados o por la sociedad en general (caso de las pestes), la locura era una enfermedad que asustaba sobremanera dadas las connotaciones que concurrían en los enfermos, de imprevisibles en sus reacciones y probables alteradores del orden social establecido. Como enfermedad maldita –los locos eran también considerados endemoniados- se plantea en la propia Biblia cuando Jesucristo cura a unos locos, o endemoniados, y expulsa a los demonios de sus cuerpos echándoles a una piara de cerdos.
Puede tener por tanto la locura connotaciones desastrosas para el propio enfermo, para su familia y para la sociedad, tanto es así, que desde comienzos del siglo XV, en la Península Ibérica, se empiezan a construir instalaciones dedicadas exclusivamente acoger enfermos dementes [19]. Sin embargo, aunque parezca un absurdo, esto también tuvo su lado negativo al permitir, en algunos casos, la confinación y aislamiento de personas que podían suponer un “estorbo” para sus familiares y en ese caso una acusación falsa de locura y un diagnóstico equivocado, más o menos intencionadamente, llevaban a una persona al aislamiento con la consiguiente separación de la vida social, jurídica y económica, (seguramente el caso más significativo de ese tipo de actuaciones fue el mantenido para con la reina española Juana I a quién tristemente se conoce incluso como Juana la loca, y tan próxima en el tiempo su vida a la de Cervantes).
Así pues, para el propio enfermo en primer lugar, la muerte civil, jurídica y social, acarrea consecuencias desastrosas, pero el aislamiento lleva además aparejado una merma importante de las condiciones físicas, de la satisfacción de sus necesidades básicas; no son muy abundantes las fuentes que relatan la vida de este tipo de enfermos [20], pero algunos documentos y algunas imágenes permiten acercarse a las situaciones vividas por ellos. Para la familia, tener un enfermo de esas características en una casa sería, igual que lo es ahora, un condicionante importante para el desarrollo de la vida familiar y dependiendo de quién fuese el enfermo mucho más, puesto que de tratarse del cabeza de familia, de la madre o de algún hijo varón, significaría una carga importante por la falta de aportación de recursos que ello supondría. Y por último, para la sociedad, una lacra y una amenaza para el entorno más inmediato y para el resto del grupo social por lo impredecible de su comportamiento, por las causas que se le presupone a la enfermedad, por el miedo incluso a su contagio y a sus consecuencias y por la amenaza hacia el orden social establecido [21].
En Don Quijote, Cervantes representa a un hombre que según la opinión de los demás se está volviendo loco, no en la suya, en la del propio D. Quijote, que lo dice claramente “...yo se quién soy...[22]” cuando lo que está intentando es poner en evidencia su equiparación con héroes pasados para hacer ver que se está refiriendo a tiempos pasados; las explicaciones acerca de la locura son constantes en la obra y toda la parte segunda del libro está plagada de alusiones a esta enfermedad, llegando a plantearse cuestiones que hoy resultan tan actuales como las que se hace D. Quijote cuando reflexiona acerca de la ciencia de la caballería y se pregunta si la locura es lo que hacen los caballeros andantes o lo que hacen los otros: los que corren los toros, los militares..., etc [23]
Pero no solamente es importante apreciar la idea de la locura que transmite D. Quijote, sino que los que le rodean también opinan sobre la enfermedad, sus causas, su tratamiento y sus efectos. No hay duda de que la creencia en que es la lectura de un tipo de libros –los de caballería- los causantes de la enfermedad y según se dice se debe a ellos el que se le “vaciase el seso”; tampoco hay que olvidar que desde las primeras líneas de la obra se está describiendo al protagonista como poseedor de una complexión flemática y melancólica o lo que es lo mismo con una predisposición constitucional a padecer esa enfermedad.
En cuanto al tratamiento de esa enfermedad, siempre que D. Quijote tiene una recaída le llevan a su casa donde se encargan de cuidarle, e incluso cuando se va a producir su muerte también será en su propia casa donde se le cuide; sí se habla de hospitales, además en los que se acoge a enfermos dementes, por ejemplo se menciona el hospital de dementes de Sevilla [24] en el que se dice cómo se cuida a los enfermos y en este sentido puede comprobarse cómo la alimentación sigue siendo la protagonista de la asistencia “...los alimentos pueden también sanar las cosas del corazón y el celebro...”; también se menciona otro hospital, el de la Misericordia de Toledo junto al que vive La Tolosa, la moza de la venta donde van a parar D. Quijote y Sancho [25]. La insistencia acerca de la importancia de los alimentos en la recuperación e incluso prevención de las enfermedades, está presente a lo largo de toda la obra y en diferentes pasajes se menciona qué, cómo y cuanto se debe comer para salir de esas situaciones, por ejemplo, el ama repuso a D. Quijote de una crisis de locura dándole de comer más de 600 huevos [26]. Estas ideas nos llevan a comprobar cómo el saber médico sigue fuertemente arraigado en la más pura tradición galénica.
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| Fiero y singular encuentro de Don Quijote
con el valeroso Vizcayno. (D. Quijote, Primera Parte, Capítulo IX. Grabado de la edición de Diego Clemencín. 1833) |
Para terminar y a modo de conclusión,
solamente algunas reflexiones:
1.- En la obra se realiza una crítica firme y detallada de la sociedad española de la época de Cervantes, siglos XVI y XVII y se utiliza para hacer esa crítica a dos hombres de complexiones totalmente diferentes pero que representan la estructura social: señor y vasallo.
2.- En la obra están presentes diferentes miembros de la sociedad, desde un esclavo, al que se libera, hasta miembros de la iglesia, con un papel importante a la hora de opinar y tomar decisiones; mujeres con papeles bien definidos, todas trabajan en ocupaciones domésticas y solo en la imaginación del protagonista se las atribuye un papel muy medieval de damas a las que se las rendía culto a través del amor (amor cortés); y desde luego aparecen los protagonistas del mundo sanitario: médicos, cirujanos y barberos, (y una curandera: la sabia Urganda) utilizados todos ellos para hacer la crítica más firme. De hecho, al que más papel se le concede en la obra es al barbero al que se pone nombre propio “Nicolás” y se le otorga el calificativo de “maese”.
3.- A través de los protagonistas del mundo de la salud se critica por supuesto el papel que estos representan, fundamentalmente el papel de los médicos (blanco de la crítica de la sociedad, incluso los obispos en los sínodos aluden a su manera de hacer su trabajo, a sus salarios y a su ostentación); seguramente ese concepto que se tiene de ellos lleva a Cervantes a que sea un barbero el protagonista del mundo sanitario ya que parece era más fácil que el común de la sociedad recurriese a ellos en situaciones de necesidad y en muchas ocasiones solo era llamado el médico para hacer el diagnóstico y en los últimos momentos de la vida, para certificar la muerte, como ocurre en la obra.
4.- Pero también se hace una critica del saber médico que sigue anclado en los planteamientos bajomedievales, que no son otros que la concepción de la medicina de Galeno a través de la visión árabe. A lo largo de toda la obra se hacen múltiples comentarios acerca de los humores, de los alimentos como medio de mantener o recuperar su equilibrio, y cómo este marco teórico se traduce en la práctica médica en la toma del pulso y la observación de la orina.
5.- La concepción de la salud está también presente y se hace referencia a ella como contraposición a la enfermedad, entendiéndose cómo alegría, viveza y gallardía, todo lo contrario de lo que le pasa a D. Quijote cuando se pone melancólico y desde luego la manera de conservarla también es patente otorgando a la alimentación una responsabilidad muy preponderante. Sin embargo no hay que olvidar cómo se refiere en variados momentos la relación que existe en este tema con la divinidad y se sigue manteniendo esa relación directa entre Dios y la salud y las enfermedades, planteándose en diversos pasajes cómo los santos y santas juegan un papel preciso en la protección de las enfermedades, por ejemplo santa Apolonia como protectora de los dolores de muelas.
6.- Los conocimientos y las supersticiones populares acerca de los asuntos de la salud son bien patentes, todos opinan en la obra de hierbas medicamentosas y de tratamiento de diferentes males, aunque queda claro que las mujeres son las encargadas de aplicar determinados remedios e incluso de prevenir y curar determinados males, heridas, catarros más o menos graves y desde luego la melancolía y la locura.
7.- Los asuntos políticos también se tratan en la obra y es D. Quijote -un loco- el que da consejos acerca de cómo se gobierna, nada menos que a Sancho -un vasallo- al que se nombra gobernador; es una demostración constante de ironía y de inteligencia la que hace el autor en esta obra que es leída por sus contemporáneos como un libro de humor y no es vista como la obra de un “hereje” y de un “subversivo” y al igual que sufrieron otros, Savonarola (el filósofo italiano) por ejemplo, fuese acusado y condenado a morir.
8.- La muerte ocupa un papel definido en el libro y las referencias a ella se hacen en la línea en que Jorge Manrique la había tratado: implacable, iguala a ricos y pobres, señores y vasallos..., y el papel bien definido de la iglesia en esos momentos y lo que supone de ejemplarizante y de continuismo en el orden social, al fin y al cabo, la salud del cuerpo no importa tanto, solo importa la salud del alma y es el sacerdote el único que puede devolver su salud.
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[19] El primer hospital de dementes (nosocomio) construido en la Península fue el de Valencia, en el año 1409 y a instancias de la Orden de la Merced; le siguieron otros en diferentes ciudades como los de Sevilla en 1436, Toledo en 1483 y Valladolid en 1489.
[20]
Ver para este tema: Michael Foucault.- Histoire de la folie à l’âge classique. Ed.
Gallimard, París 1972
[21]
Covarrubias que dedica un amplio espacio a recoger impresiones sobre este
tema y desde una simple definición que especifica que se trata de“el
hombre que ha perdido el juicio” a otras acepciones más explícitas
que refieren: “... al loco solemos llamar vacío y sin seso..., no
firme y tal es el que no está en su juicio..., otros le dan origen
de luco, porque en la gentilidad algunos demonios quisieron ser
reverenciados fuera de poblado en algunos bosques, cuyo territorio no debía
ser violado de ninguno... so pena de quedar locos...,por habérsele ofuscado
y entenebrecido el entendimiento...; Entre loco, tonto
y bobo hay mucha diferencia por causarse estas enfermedades de de
diferentes principios y calidades; la una de la cólera adusta, y la otra de
la abundancia de flema....,loco atreguado el que tiene dilucidos intervalos,
haciendo treguas con el la locura,; loco perenal el que perpetuamente
persevera en su locura... ”
[22] D. Quijote es consciente de quién es y de quién puede imaginar que es y lo explica claramente en el pasaje en que de vuelta de la venta, cansado y tullido intenta deshacer equívocos sobre sus andanzas. El Quijote...pp118-120