EL RETO DE LA EDUCACIÓN AFECTIVO SEXUAL: UNA APORTACIÓN DESDE LA EDUCACIÓN PARA LA SALUD (continuación)
EDUCACIÓN
PARA LA SALUD: UNA HERRAMIENTA INDISPENSABLE PARA PROMOVER UNA SEXUALIDAD
SALUDABLE
Cuando
hablamos de sexualidad, implícitamente estamos haciendo referencia a la salud y
a la educación. Cualquier propuesta de actuación encaminada a la promoción de
una sexualidad sana, debe ir dirigida hacia un cambio de valores, de estilos de
vida y a la dotación de recursos sociales y educativos más adecuados; y esto sólo
es posible analizando la realidad sexual del joven y centrándonos en sus
intereses, inquietudes, miedos, falsas creencias y dificultades que encuentran a
la hora de acercarse a conductas sexuales saludables. Ello repercutirá, sin
dudarlo, en la calidad de vida de los adolescentes.
Los
centros educativos forman parte de la sociedad, con la que está en íntima
relación e interdependencia, por tanto, no se pueden sustraer ni aislar de la
misma sin perder su identidad y razón de ser. Los problemas educativos y
sociales requieren un enfoque holístico. La educación adquiere mayor sentido
desde esta perspectiva, porque nos permite llevar a cabo procesos educativos
significativos, al articular los significados relevantes de fuera del centro
educativo con los que se producen en la vida de las aulas y del centro [11].
La educación para la salud puede contribuir a la reconstrucción del
tejido social, favoreciendo el acceso de las poblaciones más desfavorecidas a
sistemas de apoyo y redes sociales y desarrollando intervenciones y estrategias
en el propio contexto social que produzca efectos positivos sobre la salud y el
bienestar, mediante la generación de cambios positivos en la salud y en el
ajuste psicosocial de esas comunidades, especialmente allí donde se detecta que
se produce un rechazo o un no acceso a los servicios de salud ofrecidos por
profesionales e instituciones.
La educación
para la salud también se preocupa del hecho de que llevar una vida saludable en
el mundo moderno es cuestión, hasta cierto punto, de hacer elecciones
correctas. Los alumnos necesitan la oportunidad de desarrollar actitudes y
valores que les capaciten para hacer elecciones que sean válidas ahora en su
vida actual y también en el futuro. Proporcionarles los medios para hacer
elecciones correctas es un objetivo ambicioso y es el que comparte la educación
para la salud con las ciencias sociales. Esto es parte del amplio objetivo
educativo de preparar a los alumnos para participar entera, eficazmente y con
confianza como adultos responsables en su sociedad.
Esta
educación ya no trata únicamente de ofrecer información, sino de capacitar a
las personas para que puedan ejercer su libertad de elegir las pautas de
conducta que más le interesen para mejorar su calidad de vida. Este interés
por el aspecto conductual sin forzar la libertad, se basa en el desarrollo de
actitudes positivas hacia la salud, cimentadas en una escala de valores con el
atractivo suficiente como para ser asumida libremente por el individuo [12].
Recogiendo esta tendencia la OMS (1983) indica que la Educación para la Salud
es "cualquier combinación de
actividades de información y educación que lleve a una situación en que la
gente desee estar sana, sepa como alcanzar la salud, haga lo que pueda
individual y colectivamente para mantener la salud y busque ayuda cuando la
necesite"[12].
Esta
nueva concepción de la Salud y de la Educación para la Salud hace necesario
reconsiderar lo que hasta hace poco tiempo se entendía por "Escuelas
saludables” que Gavidia y Rodes (1996) han definido como
"aquella que posee un ambiente sano donde se aprende de una manera
saludable y solidaria con el medio"[13].
Simultáneamente
a este cambio de referencia en la apreciación de la salud, y del papel de la
educación en él, se ha ido estableciendo la perspectiva de la Escuela
Promotora de Salud, que se presenta como la respuesta a la cuestión de si
educar para la salud exige realmente una escuela diferente y como reconocimiento
implícito de que la educación para la salud no se hace solamente a través del
currículum explícito sino también del implícito apoyo mutuo entre escuela,
familia y comunidad. Es decir, este nuevo concepto supone prestar más atención
a cómo se enseña y se participa en las clases, para que el mensaje pueda ser
apoyado y reforzado por [14]:
a) Los valores y actitudes implícitos en la organización, clima y funcionamiento de la escuela.
b) Una relación más estrecha con las familias.
c) Una coordinación e interacción más intensa entre la escuela y la comunidad en la que se integra el centro.
d)
Una política de apoyo y un encuentro legislativo adecuados.
El término Escuela
Promotora de Salud es el reconocimiento de que la Educación para la Salud no se
hace solamente a través del currículum escolar sino por el apoyo mutuo que se
prestan entre si la escuela, la familia y la comunidad[15].
Pero cuidado, conviene recordar que la escuela
promotora de salud, no está libre de problemas, especialmente en el paso de los
programas oficiales a su puesta en práctica, y entre los que cabría citar: la
actitud de los enseñantes, la falta de coordinación con los servicios de salud
o la falta de preparación y disposición a comprometerse por parte de la
comunidad educativa.
La juventud
necesita recibir mensajes de prevención de formas diversas y en ámbitos
diferentes: escuelas, familia, consultas de Atención Primaria, Hospitales,
centros de detención juvenil, organizaciones comunitarias y sociales y escuelas
alternativas[16]. Por tanto, la coordinación institucional y social
tienen que constituir un eje fundamental en la educación afectivo sexual para
conseguir sus objetivos, para rentabilizar y optimizar recursos, potenciar la
complementariedad de acciones, y progresar en la consecución de mayores cotas
de bienestar social y personal.
Foucault (1976), indicó que la educación
afectivo-sexual es un proceso que comienza en los primeros años de existencia y
continúa a lo largo de la vida. En este proceso se encuentran implicados tanto
la familia como la escuela y la sociedad en general.
Por ello debemos tener presente otros contexto que tienen responsabilidad de
educar en el terreno afectivo sexual, pero que son poco conocidos por nuestros jóvenes
y adolescentes, como es el caso de los Centros de Salud o de Atención Primaria,
los teléfonos de información sexual o los servicios que ofrecen determinadas
Asociaciones y Clubes Juveniles.
El
tipo de información sexual que se recibe se ve limitado en la mayoría de las
ocasiones a charlas puntuales o infundir temor sobre los peligros que se corren,
pero este tipo de actuaciones no parecen servir de gran cosa. Se trata de crear
espacios donde nuestros jóvenes puedan expresar abiertamente las expectativas
que las relaciones sexuales despiertan en ellos y valorar los beneficios de la
sexualidad sin riesgos innecesarios. Para ello será fundamental cambiar las
actitudes poco favorecedoras de muchos jóvenes ante el uso de anticonceptivos,
desmontando las falsas ideas sobre la supuesta limitación a la sexualidad,
cuando en realidad ayudan a vivirla sin riesgos ni temores.
Los medios de comunicación también ejercen su función de informar
sobre la sexualidad, que en lugar de aportar soluciones suelen reforzar los
mitos, falsas creencias, roles y estereotipos establecidos por la sociedad,
contribuyendo a su expansión. Las revistas están llenas de artículos de estética
y moda, consejos para ligar, test para saber que efectos causan en los chicos, cómo
son, qué piensan. Por tanto, debemos ser conscientes de la sociedad en la que
vivimos, y que los programas que se desarrollen en educación afectivo sexual no
pueden realizarse al margen de ésta.
Como ya hemos
evidenciado, el conocimiento por si solo no es suficiente para poder cambiar la
conducta. Los programas que principalmente se basan en brindar información
sobre preceptos morales y sexuales-como funciona el sistema sexual del cuerpo,
que es lo que los jóvenes deben y no deben hacer- han fallado. Sin embargo, los
programas cuyo enfoque principal es ayudar a los jóvenes a cambiar su
conducta-usando la dramatización, los juegos, y los ejercicios que refuercen su
habilidad al socializar- han mostrado señales de efectividad[17].
[1] Sánchez, A. y García, A. (2003). “Educación Sexual en Adolescencia: Mitos Y Perspectivas”, En F. Biernet, La promoción de la salud desde una perspectiva pedagógica. Valencia: Nau Llibres.
[2]
La Educación de las Niñas y los Niños. Derecho
a la información y a la educación. [En
Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL disponible en: www.fpfe.org/docs/05.pdf
[3] Comportamiento Sexual, Embarazo, Aborto y Regulación Menstrual en Adolescentes de Tecnológicos de Ciudad Habana[En Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL Disponible En: www.infomed.sld.cu/revistas/ gin/vol25_1_99/gin07199.htm.
[4]
Niveles de información sexual en la gente joven.
Provincia De Vizcaya[En Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL Disponible En: www.algaraia.org/info/adocua.html
- 7k
[5] La Educación Sexual de los últimos treinta años no previene el embarazo de adolescentes[En Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL Disponible En: www.bioeticaweb.com/Noticias/2002/edu_sex_adoles.htm - 9k
[6]
La Educación Sexual y la salud reproductiva no disminuyen el embarazo en
adolescentes [En Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL Disponible En: www.geocities.com/apostolvs/GENOCIDIO.htm
[7] Vega, A. (1986). Los Educadores ante las Drogas. Vitoria: Servicio Central De Publicaciones, Gobierno Vasco.
[8] Delors, J.
Et Al. (1996).
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comissió internacional sobre educació per al segle XXI. Barcelona: Centre
Unesco De Catalunya.
[9]
Bas E. Educación en valores y prevención en drogodependencias. Estrategias De
Intervención. En: Educación y valores temas transversales del currículum.
Almería: Centro De Profesores De Almeria, 1997
[10] Bolivar A. Los Contenidos Actitudinales en el currículo de la Reforma. Madrid: Escuela Española, 1992
[11] Yus Ramos, R. (1996). Hacia una educación global desde la transversalidad. Madrid: Anaya/Alauda.
[12] García, A. Et Al. (2000). Educación para la salud. La apuesta por la calidad de vida. Madrid: Arán.
[13] OMS (1983).
“Nuevos Métodos De Educación Sanitaria En La Atención Primaria De Salud”.
Informes Técnicos, Nº 690.
[14] Gavidia, V. Y Rodes, M.J. (1996). “Tratamiento de la
educación para la salud como materia transversal”. Alambrique,
Vol. 9; Pp. 7-16.
[15] Gary
Harper, Phd
Mph Y Pamela
Decarlo.
¿Qué necesitan los adolescentes en la prevención del VIH? [En
Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL Disponible En: www.caps.ucsf.edu/spadoltext.html
[16] Metcalfe, O. Et Al. (1995).Manual de formación para el profesorado y otros agentes educativos. Madrid: Ministerios de educación y ciencia y de sanidad y consumo.
[17] ¿Sirve La Educación Sexual? [En Línea][Consulta: 5 Septiembre 2003] URL disponible En: www.caps.ucsf.edu/capsweb/spsextext.html