Intoxicaciones (I): diagnóstico y tratamiento (continuación)

 

2) Disminución de la absorción del tóxico

            a) Descontaminación.

            b) Disminución de la absorción digestiva.

 a) Descontaminación.

Para disminuir la absorción del tóxico, hay que seguir el criterio general de separar al enfermo de la fuente de contaminación, independientemente de la vía de entrada. Estas son alguna de las medidas a aplicar:

Retirar la ropa contaminada y lavar la piel con agua y jabón.

Irrigación abundante de la conjuntiva ocular con suero fisiológico.

En el caso de inhalaciones tóxicas, separar al sujeto de la fuente de emisión y aplicar oxigeno.

En el caso de mordedura de reptiles, habrá que extraer los cuerpos extraños y aplicar frío local (No suele ser recomendable la aplicación de torniquetes)

Algunos arácnidos (garrapatas) quedan fijados a la piel tras su mordedura, siendo prioritario desprenderla para detener la inoculación del tóxico.

b) Disminución de la absorción digestiva

En aproximadamente el 90% de los casos las intoxicaciones se producen por vía digestiva. Podemos emplear tres mecanismos para disminuir la absorción de tóxico por  vía digestiva:

·       Vaciado gástrico.

·       Administración de catárticos.

·       Administración de adsorbentes.  

Vaciado gástrico:

Se puede realizar mediante la administración de eméticos o procediendo a realizar un lavado aspiración del contenido gástrico.

Administración de eméticos

Provocar el vómito es un procedimiento que está contraindicado en determinadas situaciones:

Si el tóxico ingerido es un cáustico.

Si el tóxico ingerido es un derivado del petróleo (aguarrás, barnices, pinturas…).

Cuando el enfermo esté convulsionando o en coma.

Cuando la paciente esté embarazada.

En niños menores de 6 meses.

En enfermos con disminución del nivel de conciencia.

El procedimiento está indicado en enfermos conscientes, en los que no

haya transcurrido más de tres horas de la ingesta. Se realiza mediante la administración de jarabe de ipecuana, estando contraindicada por ineficaz y peligrosa la provocación del reflejo del vómito por estimulación faríngea.

Lavado y aspiración gástrica

En general se recomienda hasta transcurridas seis horas de la ingesta, aunque son numerosas las situaciones en las que la motilidad gástrica se puede ver enlentecida y de forma genérica, ante la duda, se suele realizar.

Esta especialmente indicado en pacientes con disminución del nivel de conciencia o incluso en coma si tenemos convenientemente aislada la vía aérea (tubo endotraqueal), por lo demás tiene las mismas contraindicaciones que la aplicación de eméticos.

Para realizar un vaciado o lavado gástrico necesitaremos colocar una sonda nasogástrica (en ocasiones sonda bucogástrica), para lo cual procederemos de la siguiente manera:

Colocar al enfermo en decúbito lateral izquierdo con las rodillas flexionadas.

Medir la distancia desde el orificio nasal de entrada (o desde la boca en el caso de las bucogástricas), hasta el estómago, incluyendo la flexura del ángulo faríngeo.

Introducir la sonda ya lubricada suavemente, al tiempo que pedimos al enfermo que trague para ayudar a dirigir la sonda hacia el esófago.

Una vez que hemos introducido la sonda, hasta la distancia que previamente habíamos medido, deberemos asegurarnos de su correcta colocación aspirando el contenido gástrico. Otra forma de comprobación será introducir aire con ayuda de una jeringa de alimentación, que debemos oír salir perfectamente, al colocar la campana del fonendoscopio en el epigástrio del paciente.

El tamaño de la sonda a emplear va a depender de el intervalo transcurrido desde la ingesta:

Menos de una hora: sonda de foucher nº 36

Más de una hora: sonda nasoástrica normal.

Una vez colocada la sonda podremos aspirar el contenido gástrico. Si hemos utilizado una sonda de suficiente diámetro y perforada en sus extremos distal y laterales, podremos evidenciar los restos de la ingesta. (restos de comprimidos, jugos gástricos, restos alimenticios…). En ocasiones conviene realizar, una vez concluida la aspiración, un lavado gástrico, introduciendo entre 200 y 300 cc de suero fisiológico tantas veces como sea necesaria hasta comprobar que el líquido de retorno es completamente claro.

Administración de catárticos.

Retienen agua y aumentan el peristaltismo intestinal, contrarestando el efecto astringente que provocan algunos adsorbentes (carbon activado). Los más empleados son el sulfato sódico (Evacuol®), sulfato de magnesio (Agua de carabaña®), manitol, lactulosa y sorbitol. Se usan junto a los adsorbente, y hay que utilizarlos con precaución en pacientes con insuficiencia renal, cardiaca o con graves trastornos electrolíticos.

Administración de adsorbentes.

Básicamente se emplea el carbón activado. Ocasionalmente se pueden utilizar otros más específicos como la tierra de Fuller en las intoxicaciones por paraquat o el azul de prusia en las intoxicaciones de talio.

El carbón activado se administra normalmente a través de la sonda nasogástrica (o bucogástrica) y en ocasiones por vía oral. Tiene como característica su capacidad de adsorber la mayoría de los restos tóxicos a excepción de los cáusticos, derivados del petroleo, acido ascórbico, hierro, cianuro, litio, malatión, etanol, metanol y etilenglicol.

Se administran 50 g diluidos en 200 o 300 cc de agua en dosis única, pudiendo repetir la dosis cada 3 horas durante las primeras 24 ante determinados tóxicos de una larga vida media, que enlentezcan el peristaltismo intestinal, en intoxicaciones masiva, preparados tipo retard o sustancias con importante recirculación enterohepática.

Los principales riesgos que presenta la administración de carbón activado tienen que ver con la posibilidad de producir vómitos con el consiguiente peligro de provocar una broncoaspiración, y los extreñimientos.

3. Tratamiento farmacológico

El tratamiento farmacológico suele comenzar por la aplicación del antídoto si lo hubiere naloxona (Naloxone®), flumacenilo (Anexate®), acetilcisteina (Fluimucil antidoto 20%), etc., y seguidamente toda aquella farmacología que requiera la sintomatología de cada caso.

4. Aumento de la eliminación del tóxico.

Los tóxicos se eliminan fisiológicamente por vía hepática, respiratoria o renal. Podremos, en el caso de la vía renal, forzar el mecanismo con la denominada diuresis forzada. En la vía respiratoria podemos facilitar la eliminación administrando oxígeno. En la vía hepática (por donde se eliminan la mayoría de las sustancias tóxicas) no podremos, sin embargo acelerar el proceso más que en muy contadas ocasiones (el metabolismo del paracetamol acelerado por la Nacetilcisteina y metabolismo del etilenglicol y metanol dificultado por el etanol).

La otra posibilidad de aumentar la eliminación del tóxico la constituye la denominada depuración extrarrenal que incluye técnicas como  hemodialisis, hemoperfusión, plasmaféresis y exanguinotransfusión. Todas ellas implican riesgos añadidos y tienen aplicaciones muy concretas según el estado clínico del paciente y el tipo de tóxico.

Diuresis forzada

Se emplea en aquellas intoxicaciones graves por sustancias que se eliminen

prioritariamente por vía renal.

Se intenta aumentar el filtrado glomerular, hasta conseguir diuresis horarias de 8 ml/kg/h (aproximadamente 560 ml / h).

Existen tres tipos de diuresis forzada según las características del tóxico:

Diuresis forzada Alcalina.

Diuresis forzada Acida.

Diuresis forzada Neutra.

Diuresis forzada Alcalina

Se emplea en intoxicaciones por: salicilatos, metotrexano, barbitúricos, fluor. Los pacientes con insuficiencia cardiaca, renal o graves alteraciones electrolíticas, serán considerados de alto riesgo para someterlos a estas técnicas. Es la más empleada. A lo largo de 5 horas se administra secuencialmente los siguientes compuestos, realizando un minucioso balance hídrico, que de ser positivo obligara a añadir diuréticos (Ver TABLA Nº 1). Si el pH urinario es menor de 7,5 añadir bolos intravenosos de 20 mEq de bicarbonato 1 M.

Diuresis forzada Acida

Se emplea en la intoxicación por: quinidina, quinina, anfetaminas, bromuro y fenciclidina. Es una práctica que en muchos lugares se considera desfasada (Ver TABLA Nº 2). Si el pH urinario es mayor de 6,5 añadir bolos intravenosos de 1g de ácido ascórbico. 

Diuresis forzada Neutra

Empleada en intoxicaciones de: litio, talio, paraquat y algunas setas (amanita phaloides) (Ver TABLA Nº 3).

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

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Este es un artículo inédito y su primera divulgación. Si lo consulta para algún trabajo, estudio, investigación, etc., no olvide citarlo en la bibliografía. 

FORMA DE CITAR ESTE TRABAJO DE "SALUD Y CUIDADOS" EN BIBLIOGRAFÍAS:

CORREA RUIZ A, CABEZA REINA M, ZAYAS CÓRDOBA JJ, SILVA GARCÍA L. Intoxicaciones (I): diagnóstico y tratamiento. Salud y Cuidados [En línea]. Nº 7 (2004). [Consulta: 1 febrero 2004*].  <http://www.saludycuidados.net/numero7/intoxicacion/.htm>  ISSN 1578-9128

*Especificar fecha exacta en la que este artículo se consulta en línea.