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Tercer año, número 8, julio 2004

DIVULGACIÓN DE SALUD

Intoxicaciones (II): intoxicaciones más frecuentes y tratamiento 

ANTONIO CORREA RUIZ 1, MIGUEL CABEZA REINA, JUAN JORGE ZAYAS CÓRDOBA 2, LUIS SILVA GARCÍA 3.

Enfermeros. 1 Empresa Pública de Emergencias Sanitarias. Master en Emergencias Sanitarias. 2 Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario "Virgen Macarena" (Sevilla). 3 Servicio de Urgencias (Recuperación) del Hospital Universitario "Virgen Macarena" (Sevilla). 

E-mail: mcabeza21@hotmail.com

 

INTOXICACIÓN POR DROGAS

Anfetaminas

Es un fármaco simpaticomimético que se emplea en clínica por su efecto anorexígeno y estimulante del SNC. Se comercializa bajo prescripción médica, como sulfato de anfetamina (Centramina®). También pueden encontrarse anfetaminas o sustancias análogas en algunas de las denominadas “drogas de diseño” como el “éxtasis”,  la “droga del amor” el “speed”o el “ice”.

La ingesta se produce normalmente por vía oral (Centramina®, “éxtasis”), aunque en ocasiones pueda emplearse la vía intravenosa (“speed”) o inhalandolo por vía intranasal (“ice”).

Las manifestaciones clínicas de la intoxicación por anfetaminas, son las propias de la acción simpaticomimética y estimulante del SNC: confusión, verborrea, rubor facial, irritabilidad, intranquilidad, midriasis, temblores, hipertensión arterial, diaforesis, arritmias, taquicardia, taquipnea.

En los procesos graves, puede aparecer delirio, agresividad, convulsiones y fibrilación ventricular.

El tratamiento es sintomático:

Si la vía de intoxicación es oral, se procederá a realizar un lavado gástrico y administrar de carbón activado.

Si aparece crisis convulsiva administrar diacepan (Valium®).

Administración de antiarrítmicos en función del tipo de arritmia que aparezca.

Cocaína

Al igual que la anfetamina, es un psicoestimulantes, aunque con menor vida media en el organismo. Tiene un uso muy limitado en  clínica como anestésico local, en forma de colirio en oftalmología. Se comercializa ilegalmente  como clorhidrato de cocaína con diferentes grados de pureza y normalmente se administra  por vía intranasal o intavenosa.

La clínica de su intoxicación, aún con mayor gravedad,  es similar al caso de las anfetaminas y se deriva de su efecto simpaticomimético: midriasis, taquicardia, diaforesis, agitación, hipertérmia, temblor, pánico, edema pulmonar, angor e incluso infarto agudo de miocardio, arritmias graves, convulsiones y parada cardiorespiratoria.

La forma de administración, puede agravar la sintomatología, llegando a resultar letal, principalmente en los siguientes casos:

Administrada por vía iv mezclada con heroína.

Inhalada en forma de base libre de cocaína (“crack”).

Consumida junto con alcohol etílico. Induciéndose en este caso la formación de etilcocaína que aumenta la toxicidad.

El tratamiento es sintomático y similar al de la intoxicación por anfetaminas:

En arritmias ventriculares secundarias a sobredosis de cocaína emplear propanolol (Sumial®).

Si la vía de administración es la iv, valorar la posibilidad de administrar naloxona (antagonista de opiáceos) por la probabilidad de que se hallan administrado juntas cocaína y heroína.

Alcohol Etílico

En general, se observa una tendencia a la baja en cuanto al consumo de alcohol, aún así, en los  estudios por edades realizados en el  año 1996, se puede observar, con referencia al año 1994,  la excepción  en el sector de  población de edades comprendidas entre los 21 y los 34 años, en la que aumenta el porcentaje de bebedores de alto riesgo y los excesivos.

La embriaguez, es probablemente la intoxicación que más se atiende en los servicios de urgencias. Con mucha frecuencia aparece asociada a accidentes de todo tipo, con el peligro de traumatismos cráneo-encefálicos de muy difícil valoración en el estado de embriaguez del paciente.

La clínica, comienza por euforia, desinhibición, verborrea, dificultad en la coordinación de movimientos… y continua, según aumenta la  concentración de etanol en sangre, por somnolencia, hipotensión, perdida del equilibrio, arritmias, vómitos, incontinencia de esfínteres, hipoglucemia… que puede llegar hasta el coma etílico si se sobrepasan los 300 mg/dl en sangre. Soliendo desarrollar en estos casos hipotermia, hipoventilación y acidosis metabólica.    

En el tratamiento tendremos en cuenta:

No suele ser útil el lavado gástrico por la rapidez de transito y absorción del alcohol. Se puede realizar si se sospecha la ingestión de alcohol poco antes del ingreso o bien ante la posibilidad de ingestión de  algún fármaco.

Colocar al paciente en posición lateral de seguridad, para evitar riesgo de broncoaspiración.

Vigilancia periódica de  la temperatura.

Vigilancia periódica de  la glucemia.

Administración de vitamina B6 (Benadon®)

Administración de vitamina B1 o tiamina  (Benerva®), especialmente en procesos crónicos o cuando sea necesario administrar suero glucosado (para compensar la hipoglucemia), pues este hecho exacerbaría el déficit de tiamina pudiendo desencadenar la Encefalopatía de Wernicke.

En pacientes en coma con concentraciones de etanol en sangre entorno a los 600 mg/dL se recurrir a la hemodiálisis.

Opiáceos

Los opiáceos (heroína, morfina y derivados) producen depresión del centro respiratorio pudiendo dar origen a la asfixia del individuo. Este tipo de intoxicaciones se produce normalmente en pacientes con antecedentes de drogodependencia y la vía de administración es mayoritariamente la intravenosa y en ocasiones la intranasal o pulmonar.

A pesar de que los heroinómanos desarrollan una gran tolerancia, pudiendo llegar a administrarse cantidades de heroína que serían letales para un principiante, la sobredosis puede presentarse por problemas inherentes al mismo mundo clandestino en que se mueven. Mayor pureza de la droga administrada, errores en el cálculo, reincidencia tras un periodo de deshabituación, mezcla con otros fármacos que potencien su acción, adulteraciones de todo tipo, son algunos de los motivos más usuales, que pueden llevar al paciente hasta el servicio de urgencias.

La triada clínica característica es: miosis puntiforme, hipoventilación y coma. Pudiendo presentarse complicaciones como edema agudo de pulmón no cardiogénico, arritmias, aspiraciones broncopulmonares, cianosis, hipotermia, hipotensión.

Tratamiento:

Comprobar el grado de insuficiencia respiratoria mediante gasometría arterial para evaluar la necesidad de instaurar respiración mecánica.

Administración de oxigeno.

Administración de naloxona (Naloxone®) que es el antagonista específico de los opiáceos.  La respuesta al antídoto suele ser inmediata, lo que nos confirma de forma indirecta el diagnóstico.

Cannabis

Su consumo es de elevada prevalencia en los países mediterráneos, siendo legal  en alguno de ellos. Normalmente se encuentran tres preparados derivados de la planta del cáñamo (Cannabis) que contienen alcaloides de entre los que destaca el delta-9-tetrahidrocannabinol (D9THC), que es el responsable de los efectos de la droga. La marihuana (la flor del cáñamo) con aproximadamente el 1% de D9THC. El hachís con aproximadamente el 5% de D9THC y la resina de hachís (resina del cáñamo) con aproximadamente el 15% de D9THC.

Habitualmente se consume por vía respiratoria inhalando el humo que produce su combustión, aunque en ocasiones se ingiere por vía oral, cocinado con los alimentos.

La clínica, que raramente es de gravedad, se caracteriza por producir sedación a dosis bajas y reacciones paranoides con alucinaciones, ansiedad, alteraciones de la percepción, ataques de pánico y agitación a dosis elevadas. A nivel periférico produce sudoración profusa, taquicardia, hipotensión ortostática y congestión de las conjuntivas.

El tratamiento es sintomático.

INTOXICACIÓN POR ANALGÉSICOS

Paracetamol

Es un derivado de la fenacetina (anilina) con efectos analgésicos y antitérmicos, bien tolerado por la mucosa gastroduodenal y de amplia comercialización en el mercado farmacéutico español. (Frenadol complex®, Algidol®, Termalgín®…)

El paracetamol  posee un  elevado potencial tóxico. La intoxicación, frecuentemente intencional, se suele producir por vía oral. La dosis tóxica en adultos es de aproximadamente 10 gr. (150 mg. / Kg.), siendo letal por encima de 500 mg. /kg. de peso.

La sobredosis de paracetamol produce necrosis a nivel hepático y renal, y en menor proporción, pancreatitis, anemia hemolítica, metahemoglobinemia y necrosis miocárdica. La clínica se va agravando con las horas, apareciendo en un primer momento los síntomas digestivos: nauseas, vómitos, dolor e hipersensibilidad en hipocondrio derecho. Los síntomas clínicos y analíticos del daño hepático y renal no se comienzan a manifestar hasta pasadas las 24 h. de la ingesta. Se elevarán los niveles de AST y ALT y posteriormente la tasa de protombina. A partir del tercer o cuarto día, de progresar la intoxicación aparecerá ictericia, alteración del NC, hiperventilación, hipoglucemia, diátesis hemorrágica, hipotensión, arritmias, coma…

El tratamiento especifico de la intoxicación por paracetamol, es la administración de su antídoto, N-acetilcisteína (Fluimucil®), que debe administrarse ante toda sospecha de ingestión masiva de paracetamol, aun sin esperar la respuesta del laboratorio con los niveles plasmáticos que nos confirme el diagnóstico.

Si la ingesta es reciente, están indicados el lavado gástrico y el carbón activado. Si se produce un fracaso renal, es probable que el paciente tenga que ser hemodializado.

Salicilatos

Son un conjunto de fármacos (ácido acetilsalicílico, diflunisal, acetilsalicilato de lisina, etc.) con propiedades antitérmicas, analgésicas y antiinflamatorias, que a diferencia de otros antiinflamatorios no esteroideos,  aumentan el consumo de glucosa y estimulan el centro respiratorio. El ácido acetilsalicílico es además muy utilizado por  sus excelentes cualidades como antiagregante plaquetario. Del mismo modo que el paracetamol, su uso está cada vez más extendido, aumentando considerablemente las posibilidades de intoxicación. En el año 1996, el 42,1% de la población andaluza, reconocía haber consumido en los seis meses anteriores algún analgésico del tipo de los salicilatos o el paracetamol.

Aunque se han descrito intoxicaciones por absorción cutánea de salicilatos, la práctica totalidad de ellas se produce por la ingestión oral del fármaco. La dosis tóxica de los salicilatos en adultos, está entorno a los 10 g siendo letal entre los 20 – 30 g. La clínica tras la intoxicación debuta con nauseas, vómitos, dolor epigástrico, cefaleas, acúfenos, diaforesis, visión borrosa, enrojecimiento facial, taquicardia y taquipnea que dará origen a una alcalosis respiratoria por hiperventilación y más tardíamente, acidosis metabólica.

En los casos más graves son frecuentes las alteraciones del SNC, agitación, delirio, confusión y solo en casos extremos coma. Las complicaciones más importantes son la deshidratación que podría desembocar en una insuficiencia renal, la encefalopatía hipoglucémica, debido al alto consumo de glucosa inducido por el fármaco, el edema agudo de pulmón no cardiogénico y las hemorragias digestivas altas.

El tratamiento consiste en:

Lavado gástrico y administración de carbón activado que puede ser eficaz incluso pasadas 12 –24 horas de la ingesta, dado que en ocasiones los salicilatos precipitan con el pH ácido des estomago, permaneciendo en él como conglomerados durante muchas horas.

Administración de líquidos.

Administración de glucosa hipertónica.

Diuresis forzada alcalina.

Hemodialisis en los casos graves. 

Antiinflamatorios no esteroideos (AINE)

El resto de los AINE producen en general, menos toxicidad que los salicilatos y el paracetamol. Podemos destacar:

Pirazolonas: quizás el grupo más usado sea las fenilbutazonas, con potente acción analgésica y antiinflamatorias pero con mucha toxicidad gástrica. Su uso prolongado puede producir lesión renal.

Indoles: las más conocidas y usadas son las indometacinas que presentan como efecto secundario cefaleas, vértigos, dermatitis y problemas gastrointestinales. Provocan la retención de agua y sodio con el consiguiente aumento de la tensión arterial.

Derivados fenilpropiónicos: naproxén, ibuprofén, fenoprofén y ketoprofén. A pesar de su mejor tolerancia gastroduodenal, pueden, como el resto de los AINE provocar lesión de la mucosa.

Derivados fenilacéticos: diclofenaco.

Oxicames: tonoxicam y piroxicam, con mayor vida media que el resto, lo que los sitúa entre los más tóxicos.

En general producen intoxicaciones de poca gravedad, con una sintomatología que va desde las nauseas, vómitos, hipotensión, acúfenos y somnolencia hasta las hemorragias digestivas, y el fallo renal agudo.

El tratamiento en la intoxicación de cualquiera de ellos es sintomático. En todos los casos se  procederá al lavado gástrico y administración de carbón activado.

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